*Entre los finalistas del polémico Premio Aena de Narrativa 2026 se encuentra el insoslayable Enrique Vila-Matas. Presentamos aquí la reseña de uno de sus mejores libros
Rodolfo Mendoza
Al terminar de leer El mal de Montano de Enrique Vila-Matas, el lector terminará haciéndose, irremediablemente, una pregunta. ¿Qué es la literatura? Quien haya leído con anterioridad Bartleby y compañía, El viaje vertical o París no se acaba nunca, sabrá que el narrador de estas obras bordea siempre entre la vida real y la ficción, entre el autor, el narrador y algún personaje. Se tratan estas obras de Enrique Vila-Matas de novelas-autobiografías-ensayos-reflexiones-diarios-apuntes y lo que pueda salir en el camino. Han estado, las obras de Vila-Matas, en una suerte de límite de la literatura, un camino que, por lo visto, les está dado sólo aquellos escritores de nivel altísimo: lo han intentado escritores de la talla de Claudio Magris (en El Danubio) y Sergio Pitol (con El arte de la fuga).
En el caso de El mal de Montano, el autor la divide en cinco apartados: “El mal de Montano”, “Diccionario del tímido amor a la vida”, “Teoría de Budapest”, “Diario de un hombre engañado” y “La salvación del espíritu”, cada uno de ellos con un cosmos propio y particular, que se entrelaza con los otros capítulos a través de pequeños hilos conductores, hilos de energía que van irradiando luz sobre el total de la obra.
En la primera parte, “El mal de Montano”, Vila-Matas nos presenta a un narrador más o menos usual, un planteamiento general que empieza a armar la obra que estamos por descubrir en los capítulos siguientes. En “Diccionario del tímido amor a la vida” el autor realiza una suerte de diccionario de autores que han sido escritores de los diarios íntimos más famosos: Gide, Amiel, Dalí, Gombrowicz, Kafka, Michaux, Pavese, Renard, entre otros. Con este capítulo, el narrador va desentrañando su propio diario, su vida, sus libros y su intento de “abandonar a la literatura”. En “Teoría de Budapest”, el mismo narrador (que nunca es el mismo) ofrece una conferencia en donde (se) desmiente parte de lo narrado hasta ese momento para dejar asomar a su “Diario de un hombre engañado”, el capítulo siguiente, en donde podemos ver que el autor es, como quería Borges, muchos hombres o, en este caso, muchos narradores. “La salvación del espíritu” es el capítulo final, por completo reflexivo y lleno de un misterio narrativo que obliga, se enterará el lector atento, a realizar inmediatamente una relectura, al menos, de ese capítulo.
Con Vila-Matas el lector se enfrenta a un autor heterodoxo: el leedor debe desconfiar de todo lo que el autor-narrador le va concediendo. No hay verdades en la obra narrativa de este autor: cuando una historia nos es contada, líneas adelante nos es modificada. No se trata, por otro lado, de un cambio de perspectiva como lo han intentado ya un sin número de autores, sino de la modificación de la “realidad” interna del texto. El mal de Montano es también nuestro mal.
